Sobre una triste realidad de los informes Social Media

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Hoy como responsable de medios sociales de una agencia que no es de las más grandes me entristece escribir este post, que les aseguro no será demasiado extenso. Viene a cuenta de los malditos informes que en justicia todo cliente debe pedir para poder determinar el éxito de las estrategias en medios digitales. Pues bien los responsables en pequeñas agencias que no pueden costear aplicaciones comerciales de alto coste deben, como me consta, pelearse con multitud de aplicaciones con las que reflejar el estado real de la presencia del cliente en medios sociales.

Recuerdo en una ocasión, charlando con una experta real de este mundo, el asombro de esta fantástica profesional cuando la comenté que llegaba a utilizar 8 horas y hasta 27 aplicaciones diferentes para generar un informe bimensual que suele rondar entre las 30 y 70 páginas dependiendo del cliente y si incluye o no las estrategias SEO y el estudio comparativo de la competencia. Su asombro me resultó hasta enternecedor; ella pertenece a la élite que puede nvertir miles de euros en complejas aplicaciones que automatizan la generación de informes entre otras de las múltiples tareas que pueden ejecutar para facilitar las tareas diarias del equipo de Social Media.

En realidad no tiene importancia tal como lo cuento, puesto que manejar estas aplicaciones y trabajar como un buen artesano llega a convertirte en un auténtico artista de los infiormes estadísticos. ¿Mi experiencia? Un trabajo agotador que deja despues de una pulcra edición una gran sensación de trabajo bien realizado. Entonces ¿dónde está el problema?

Aquí la amarga queja cuando se observa que te sentirás muy afortunad@ si las personas a quien van dirigidas las estadísticas en una gran cantidad de ocasiones ni siquiera van a leer ese documento que intuyen tedioso, porque las cifras son las cifras, cuando si no en el peor de los casos ni siquiera entenderán conceptos tan absolutamente imprescindibles como la esperanza matemática o el intervalo de confianza, o el tamaño de la muestra, o si ésta es o no es significativa.

No quiero ser agorero pero la sensación que tiene el técnico en estos casos es de un gran desamparo y un desprecio por el fondo magro de su trabajo del que se podrían inferir tantas cosas. A lo sumo se llevará un soberbio rapapolvo porque el número de fans o followers no es el que ellos esperaban, sin parar a pensar que ha estrangulado la imaginación y buen hacer del equipo que vela por una óptima percepción de la marca que representa. Marcas sin contenidos, ya no interesantes, sino completamente ausentes y una falta casi absoluta de la asunción de riesgos en las estrategias en medios sociales.

No todo es negativo, puesto que existen muchas marcas que arriesgan y dan mayor libertad a los equipos que contratan. Es cierto, en ocasiones estas estrategias muchas veces fracasan o no tienen el resultado esperado, pero la falta de valor a la hora de implementar estrategias sociales es algo que se paga tarde o temprano, en la inmnesa mayoría de los casos en la forma de una ausencia total de efectividad de estas estrategias y sobre todo de los presupuestos implicados en ellas.

¿Respiro por la herida? Es posible, pero sería un saludable ejercicio reflexionar sobre el actual estado de las cosas con referencia a las métricas y a los factores que ellas tratan y asumir con humildad e inteligencia los cambios sugeridos por los especialistas que se contratan.

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